Exposiciones

Centro Municipal de las Artes de Alcorcón
Teatro Buero Vallejo
Avenida Pablo Iglesias, s/n
Alcorcón (Madrid)
3 a 29 de octubre de 2016

Imagen Poetas y dibujos - Fernando Ferro

Poetas y dibujos de Fernando Ferro - Carlos Álvarez

Imagen Poetas y dibujos - Fernando Ferro

Poetas y dibujos de Fernando Ferro - Antonio Hernández


Círculo de Arte de Toledo
Iglesia de San Vicente
Plaza de San Vicente, 2
Toledo
27 de febrero a 29 de marzo de 2015

Imagen Obra sobre papel - Fernando Ferro

Obra sobre papel de Carlos Gonçalves, Erik Kirksaether y Fernando Ferro

Cubiertas e ilustración de libros

Imagen Puta crisis - Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín

Puta crisis de Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín
Ilustrado por Fernando Ferro
Editorial Adeshoras

Imagen Puta crisis - Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín

Imagen Puta crisis - Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín

Imagen Puta crisis - Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín

Imagen Puta crisis - Carlos Candel, Carlos Lapeña y Pedro Marín -----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Alma sencilla - Carlos González Algovia

Alma sencilla de Carlos González Algovia
Ilustrado por Fernando Ferro
Editorial Adeshoras

Imagen Alma sencilla - Carlos González Algovia

Imagen Alma sencilla - Carlos González Algovia

Imagen Alma sencilla - Carlos González Algovia

Imagen Alma sencilla - Carlos González Algovia -----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen The End - Juan Seoane

The End de Juan Seoane
Ilustrado por Fernando Ferro
Editorial Adeshoras

Imagen The End - Juan Seoane

Imagen The End - Juan Seoane

Imagen The End - Juan Seoane -----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Panorama y rendija de Carlos Lapeña
Ilustrado por Fernando Ferro
Editorial Adeshoras

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña

Imagen Panorama y rendija - Carlos Lapeña -----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Imaginemas - Pablo Bonet Ayllón y Carlos Bolívar Girón

Imaginemas. Poesía para ver, fotografía para leer de Pablo Bonet Ayllón y Carlos Bolívar Girón
Prólogo de Manuel Rico
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Adeshoras
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen 44 mundos a deshoras

44 mundos a deshoras. Antología. Relatos, ilustraciones y poemas
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Adeshoras
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Antes de la tormenta - Javier Alcolea

Antes de la tormenta de Javier Alcolea
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Adeshoras
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Pasados de violencia política - Memorias en red

Pasados de violencia política. Memoria, discurso y puesta en escena de Memorias en red
Edición coordinada por Jean François Macé y Mario Martínez Zauner
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Anexo


Cubiertas e ilustraciones de libros

Imagen Memoria de la filosofía - Augusto Klappenbach

Memoria de la filosofía. Reflexiones de un búho de Augusto Klappenbach
Ilustraciones de Ceferino Fernández y Fernando Ferro
Editorial Anexo
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Demasiada roca solitaria - Alberto García Salido

Demasiada roca solitaria de Alberto García Salido
Ilustrado por Fernando Ferro
Editorial Adeshoras

Imagen Demasiada roca solitaria - Alberto García Salido

Imagen Demasiada roca solitaria - Alberto García Salido

Imagen Demasiada roca solitaria - Alberto García Salido

Imagen Demasiada roca solitaria - Alberto García Salido
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Dos poetas del corazón - José Luis Esparcia

Dos poetas del corazón. Un ensayo sobre las obras poéticas de Carlos Álvarez y Antonio Hernández de José Luis Esparcia
Editorial Adeshoras
Ilustraciones de Fernando Ferro

Imagen Carlos Álvarez
Carlos Álvarez

Imagen Antonio Hernández
Antonio Hernández


Cubiertas de libros

Imagen De Mayrit a Magerit - José Ángel García Ballesteros

De Mayrit a Magerit. Evolución urbana y social del primer Madrid de José Ángel García Ballesteros
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Anexo
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Los sueños, el amor, las intenciones I - Carlos Álvarez

Los sueños, el amor, las intenciones. Obra poética completa I de Carlos Álvarez
Edición de José Luis Esparcia
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Adeshoras
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Imagen Los sueños, el amor, las intenciones II - Carlos Álvarez

Los sueños, el amor, las intenciones. Obra poética completa II de Carlos Álvarez
Edición de José Luis Esparcia
Cubierta de Fernando Ferro
Editorial Adeshoras



Comentario

Sexo tórrido y violencia con chulos y policías en Atocha o Dulce introducción al caos de Elena Jarrín

Imagen Dulce introducción al caos

La novela policiaca y de iniciación sexual para la mujer distraída que ha publicado Alfasur a la joven escritora Elena Jarrín, sorprende al confiado lector con un directo a la mandíbula en el primer capítulo.
En los siguientes va relajando la presión erótica y desviando el punto de mira hacia una historia de desencuentro afectivo, de histérico compromiso profesional, de fraudes, robos, palizas y asesinatos, alguno sólo en grado de tentativa.
La línea principal tiene una cierta complejidad, pero nunca la hace del todo inverosímil, en ningún momento abandona el proceso de formación en el campo de la sexualidad mercenaria y ambas se van desarrollando en paralelo con bastante fluidez.
La escritora ha escogido la primera persona del singular para contarnos desde el desconcierto y la decepción, también desde el placer orgiástico, las cosas, los lugares y los personajes que viven instalados en el negocio del sexo mercantilizado.
A veces no tan alejado, como pudiera pensarse, de las actividades mercantiles convencionales.
El relato recuerda la teoría del desarrollo desigual de lo sexual y lo intelectual, la potencia de lo primero es remota y potente, sin embargo, la de lo segundo es reciente y débil.
Así pensaba el escritor polaco-ucraniano Bruno Schulz y sus amigos de la revista Spirit, entre ellos Witold Gombrowick, que también defendían la complementariedad de lo femenino y lo masculino, porque las mujeres son sádicas en el campo psicológico y masoquistas en el físico, mientras que los hombres, son sádicos en lo físico y masoquistas en lo psicológico.
El texto, en justicia, no puede ser encuadrado dentro del género de novela negra, ya que no enmarca las acciones de sus personajes en un contexto social, en el que queden perfiladas con nitidez la voluntad de poder y la insaciable avaricia de las clases dominantes.
Estos polvos, siempre derivan en los lodos de la corrupción y el sometimiento de las mayorías. Más bien, habría que situarla en el ámbito de las primeras novelas policiacas, en las que el crimen es una anormalidad del sistema, y que una vez localizados los autores por las fuerzas del orden, se les aparta y castiga. Entonces, todo vuelve a la justa normalidad cotidiana.

Se trata de un viaje iniciático a lo más oscuro del sexo y la sociedad presente, en la que todo es mercancía.
En su particular “Divina comedia”, Dante es la cándida, a la par que oportunista, Ruth, que viaja de la mano, y de otros elementos de la anatomía, del gigolo Raúl, trasmutada en una Beatriz que le hace conocer el Infierno y el Paraíso en el mismo trayecto.
También me evoca la novela, que el genial Marqués de Sade escribió cuatrocientos años más tarde, donde la inocente “Justine” acaba conociendo a través de la lujuria y la incontrolada voluptuosidad de todos los estamentos sociales, principalmente masculinos, la injusta arbitrariedad con la que se gobernaba la sociedad del Antiguo Régimen.

Para desarrollar la narración, la escritora, de una muy digna primera novela, se sirve de una secuencia temporal lineal; de unos espacios bien descritos tanto en el caso de los urbanos ( viviendas, oficinas, hoteles y restaurantes ), como en el de los rurales; de unos personajes principales, al igual que los secundarios, suficientemente reconocibles; de un lenguaje sencillo en el vocabulario y la sintaxis, sujeto-verbo-predicado y nada de frases subordinadas; también utiliza correctamente los diálogos y ”las cartas” para dar dinamismo y riqueza al relato.
Por momentos el lenguaje es un poco ordinario y previsible, aunque para compensar la elección de los vinos es muy buena: Emilio Moro y Martín Codax son dos vinos extraordinarios para su precio.
Una historia que se lee fácilmente con una mano, ya que la trama arrastra al lector por las perversas delicias del voyeurismo, no dejando claros los límites entre la vida privada del escritor y la vida pública de su principal personaje y narrador.
El climax se sostiene con acertadas dosis de tensión e intriga, para que al final a todo se le dé la vuelta, y quede en el mismo sitio. Una revolución.
Por otra parte, el tono de lo que se cuenta es el de ahora las mujeres fumamos, trabajamos fuera de casa más que los hombres y somos más autoritarias, y además contratamos chulos para divertirnos. ¿ No estaremos viviendo otro patético episodio del singular machismo practicado desde siempre por las mujeres de la élite social ?. Diametralmente opuesto a los valores de igualdad, corresponsabilidad y solidaridad defendidos históricamente por el movimiento feminista.

Una fábula con moraleja, a la vieja usanza, el sexo comprado a los profesionales gusta al principio, pero después cansa y asusta. El otro, el de casa, a veces parece que gusta menos, pero no asusta y tampoco cansa si uno se emplea con imaginación y alegría.

Fernando Ferro, Vallekas, junio 2016



Comentario

No sólo sale el Sol por Japón, Sombra y las estaciones

Imagen Sombra y las estaciones

Sé de sobra que en este viaje de cuatro años y unas pocas páginas, antes fueron las palabras y después vinieron las imágenes para acompañarlas. Pero a mí se me da, que en el fondo fue al contrario, que las imágenes ya estaban acabadas y que esperaban la llamada de un poeta para concurrir en la escena pública. Es decir en la edición.

Al leer los dieciséis haikús que conforman este inmenso libro, no te puedes sustraer a la tentación de recordar a su remoto predecesor, el Elogio de la sombra que en 1933 publicó Junichiro Tanizaki. Manifiesto sobre la estética tradicional de Japón, donde se deja constancia de que la sombra, lo oscuro y lo negro son fuentes inequívocas de belleza, de igual modo que lo son sus opuestos en Occidente.
Apoyándose en estos principios, sumados al eficacísimo lema de menos es más, Carlos Lapeña firma un documento poético de gran altura que consolida su laureada trayectoria de escritor de literatura infantil y de narrador de cuentos.
Con las diecisiete sílabas preceptivas que conforman cada estrofa de tres versos, y un montoncito de palabras sencillas, el poeta logra imágenes de trascendencia cósmica a través de sensaciones cotidianas.
Todo lo exterior que llega por la piel o los ojos, en forma de frío del invierno o de la luz alegre de la primavera, produce en el sensible autor un intenso inventario de sensaciones-reflexiones, habla incluso del amor y de cosas así de importantes.

Verano
Todo quietud,
todo inmóvil, instantáneo,
a no ser ella.

La sombra, que siempre es el eco de algo no mayor sino distinto, está presente en todos y cada uno de los poemas, como anuncia el título del libro. Toda sombra necesita para ser eso, sombra, tres condiciones, a saber: un lugar, una topología que la sostenga; un objeto que la produzca y una luz que la demarque por ocultación del objeto. También, como enseña el Dibujo Técnico, habría que distinguir entre sombras propias y arrojadas. ¡ Qué adjetivos tan bellos para una sombra !. Aunque en esta enumeración que puede parecer suficiente, se ha escamoteado el sujeto principal y necesario, que no es otro que el observador avisado, el poeta lector de sombras.

Como el libro está obligadamente dedicado al Maestro de la poesía japonesa Matsuo Bashó, 1644-1694, vaya para él también mi humilde homenaje, incluyendo en este comentario mi haikú preferido de su excelente libro de viaje Sendas de Oku, que recomiendo leer previamente para sumergirse en la lectura del poemario de Carlos e Inés.

Monje y rameras
alberga el mismo techo:
trébol y luna,

Parte importante en el éxito seguro que ha de tener el libro, le corresponderá a los serenos y expresivos dibujos de la artista Inés Beckman. Desde la enérgica delicadeza que la caracteriza, aborda el diálogo con los haikús con las mismas armas que usa el poeta: contención, elegancia y rigor. El juego de lo orgánico y lo geométrico busca su analogía con el interior del escritor y lo exterior del universo en cada poema.
Desde el círculo que es la forma básica para delinear la vida, y por lo tanto lo femenino, la ilustradora crea un compás rítmico y melódico con notas que se repiten y varían, según lo exija la partitura compuesta por el lector de sombras.

El elemento dominante de sus dibujos es el trazo de lápiz, que se completa en el juego dialéctico de la línea y la masa, con los pigmentos de colores disueltos en agua. La escueta paleta de tierras, amarillos y granates de baja intensidad da el contrapunto al gris del grafito.
Los suculentos temas vegetales, los árboles desnudos y las vísceras humanas dialogan con el movimiento de los planetas y el devenir de las estaciones en un movimiento que parece no tener principio ni fin, tal vez como sucede en el cosmos finito y dinámico en el que nos encontramos.
Si alguien esperaba tinta china y trazo caligráfico, tendrá que esperar a otras obras futuras, aquí el camino escogido ha sido otro, y ha sido muy acertado.

No puedo dejar pasar la ocasión sin felicitar a Quique de la Editorial Discursiva de Pontevedra por esta iniciativa editorial, que a través de estos cuadernillos plástico-poéticos facilita el encuentro de la “eikasia “, esa forma inferior de conocimiento o creencia, la “ doxa “ de Platón, con la que definía a las imágenes de las cosas, las sombras y las invenciones de los poetas.

Por último, me permito avisar al lector-observador distraído de que se enfrenta a una obra mayor de ambos artistas, por reducida que parezca su extensión, y que en el trabajo del otro encuentra apoyo y refuerzo el sentido de lo narrado por cada uno.

Fernando Ferro, Vallekas, Junio 2016



Comentario

Las derrotas de Elena ¿ Es una novela de amor o una novela de guerra ?

Imagen Las derrotas de Elena

Probablemente no se trate más que de otra revisión del conflicto permanente que hace posible la vida, el círculo fatal del amor y la muerte. Lo que es seguro, es que Carlos Ollero no ha escrito otra tediosa novela sobre la última guerra civil española.
El campo espacio-temporal en el que se desarrolla la acción del relato va de Mayo de 1936 a Mayo de 1945, y las ciudades en las que viven y mueren los personajes: París, Madrid, Sevilla y de nuevo París.
Dos jóvenes enamorados, Elena y Manuel, se ven arrastrados por los acontecimientos derivados de la sublevación de los traidores militares africanistas contra el régimen legal y democrático de la II República Española, los crueles vencedores de un pueblo desarmado y antes derrotados en mil y una batallas en los tres continentes por fuerzas irregulares de ejércitos de liberación nacional.
Poco más tarde por la invasión del ejército nazi de la Francia filo-fascista del Gobierno de Vichy, presidido por el mariscal Pétain.
A lo largo de 230 páginas, dos partes, 38 capítulos muy breves y algunas cartas, el narrador omnisciente, en la tercera persona del singular como es preceptivo, nos cuenta una contundente historia de amor zarandeada por todos los avatares presumibles en dos guerras sucesivas, que en realidad fueron una.
La narración fluye ágil y directa, con sobrias descripciones de ambiente y diálogos que van fijado las posiciones de los personajes centrales y de un complejo elenco de secundarios, que dan verosimilitud al relato.
También tienen un importante papel en el relato el comprometido reportero de guerra Robert Capa y el tan genial, como excesivo escritor norteamericano Ernest Hemingway. Ambos muy activos en las dos guerras y siempre del lado de las fuerzas progresistas, cada uno a su manera.

La acción se inicia en “media res” de la vida de los protagonistas, y los abandona a su suerte cuando el conflicto bélico concluye. La novela mantiene un interés constante sobre la acción principal, una historia de amor no exenta de dudas y vacilaciones, algo así como la vida misma. Pero sin perder nunca el pulso al marco histórico en el que se enmarca y le da sentido.
El momento de mayor tensión dramática de la obra se alcanza con la desesperada huida de la protagonista de la bella ciudad del Sur y del infame ambiente familiar que amenaza con destruirla.
Luego viene el desembarco de Normandía y la gloriosa entrada en París de la 9. La compañía de los españoles.

Por poner alguna objeción al soberbio trabajo literario y de documentación de Carlos Ollero, me atrevo a dejar constancia de dos cuestiones no recogidas con precisión en el texto.
En el asalto al cuartel de la Montaña, 19 de julio del 39, no solo murieron los militares sublevados y los falangistas que se atrincheraron con ellos al mando del General Fanjul, también murieron a centenares los guardias de asalto y guardias civiles que se mantuvieron leales a la República, y los militantes antifascistas entre ellos mi tío Tomás, que pretendió defender la República con una manta y un palo por todo armamento y que a las puertas del cuartel cayó tiroteado.
¡ Salud y República, tío Tomás !.
Los militares rebeldes habían convertido el cuartel en el depósito central de los cerrojos de los fusiles Máuser de las otras guarniciones de Madrid, sin ellos los fusiles eran piezas inútiles.
Acabar con la sublevación en Madrid fue un hecho central para que no triunfara de inmediato el golpe fascista, diseñado por Mola y sus secuaces.
Y dos, las iglesias que ardieron en la zona republicana, en su mayoría no lo hicieron por incendios provocados como afirmó machaconamente la propaganda mercenaria del régimen de Franco durante cuarenta años. Las iglesias ardían de modo fortuito en muchos casos porque eran polvorines de armamento y munición para la quinta columna, los campanarios puesto de tiro para francotiradores que asesinaban impunemente a uniformados al servicio del gobierno legal y los conventos refugio de militares golpistas y matarifes falangistas.
Ese fue el uso principal que le dio la jerarquía católica a los lugares de culto y recogimiento espiritual.

Por otra parte, es justo felicitar a la joven editorial Discursiva de Pontevedra por esta cuidada edición y por la acertada elección de la fotografía de portada, que tan bien resume lo narrado.
Solamente me permito una humilde recomendación, para las novelas como la que comentamos seguramente una tipografía con pie de letra refuerza la calidez del texto. Le quita ese aire técnico de los tipos sin pie.
Y al gran escritor en que se está convirtiendo Carlos Ollero, una petición. Que incluya el espacio sonoro en sus relatos, sólo se escucha La Marsellesa y el ¡Ay, Carmela! en la toma de París, habiendo pasado buena parte de la acción en el castizo Madrid, la flamenca Sevilla y el bohemio París.
No puedo resistir la tentación de pensar Las derrotas de Elena como un magnífico guion de cine y con una evocadora banda sonora que la convierta en nuestro racial Doctor Zhivago.

Fernando Ferro, Vallekas, Maio 2016



Comentario

El último día de Terranova, un largo poema de amor sobre libros, libreros y librerías conjurados contra el olvido

Imagen Manuel Rivas

Manuel Rivas estuvo en la librería Muga de Vallekas en marzo de 2016

Manuel Rivas dispone de carnet profesional, y ha ejercido, de periodista, además de escribir novelas y guiones para el cine, pero creo que sobre todo es poeta. No lo digo porque haya publicado algunos libros del género, en muchas ocasiones los libros así catalogados no contiene ni trazas del producto etiquetado, como en los ripios sabineros, sino porque todo lo que escribe está impregnado de sentido poético. Tanto es así, que estoy seguro de que si le encargaran redactar un prospecto para un medicamento o el manual de uso para una motosierra, le saldría en verso, tal vez libre, pero verso al fin y al cabo.
Por otra parte, como siempre es bueno desautorizar a algún maestro, ahora le va a tocar al malévolo, cultísimo, inteligentísimo y ciego para lo próximo Jorge Luis Borges, que decía más o menos que los periodistas escriben para el olvido. Una dolorosa e incontestable verdad, siempre que el periodista no vea más allá de lo cercano e inmediato, y siempre que no se llame Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, Wenceslao Fernández Flores, Truman Capote o Georges Orwell, y quien sabe si Manuel Rivas, por ejemplo.
Ese sentido de lo poético le lleva a mantener una innegociable y duradera amistad con Xurxo Souto, uno de los Diplomáticos de Montealto, barrio coruñés del que ambos proceden, y personaje de creatividad desbordante, además de cualificado retranqueiro, casi me atrevería a tratarle de gran experto en el país donde la disciplina es el arte nacional. Retranca, para los habitantes de la meseta, se podría traducir por sentido del humor, ironía y sarcasmo en proporciones variables y según la ocasión lo requiera, además de una cantidad imprevisible de mala hostia.

Como tenemos entre las manos una novela del Oeste, bueno del Noroeste, hay buenos y malos. Los malos, malos son dos gallegos con alma de corcho y el tercero un criminal argentino, amparado por éstos. Hay otros malos de menor fuste, como el chivato de la policía política destinado en la librería, que da más pena que miedo y los especuladores urbanísticos que dan más miedo que pena.
Por orden de crueldad, el primero es el actual Presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Becaría, sicario del régimen criminal del general golpista Francisco Franco y demócrata de toda la vida desde el advenimiento de la cojitranca democracia en la que vivimos. Él solo o en compañía de otros cómplices, que fueron sus antecesores en el cargo, fue responsable de la tardía, aunque luego eficaz campaña de vacunación contra la poliomielitis, que desde principio de los años cincuenta venía dejando paralíticos o con lesiones irreversibles a 1.500 ó 2.00 niños pobres cada año en España, a los niños bien los vacunaban en centros privados, y ya desde 1955 se vacunaba masivamente en los Estados Unidos.
Llegó en 1963 a la Secretaría General de Sanidad y hasta el año siguiente se demoró el inició de la campaña, que tuvo como uno más entre sus miles de víctimas al protagonista de la novela. Como prueba irrefutable de la realidad narrada, mi amigo Enric aparejador de Olesa de Montserrat, sigue jugando de portero porque las secuelas que le dejaron la polio nunca le han permitido otra cosa. Por aquel entonces, lanzaba la policía política a los comunistas por las ventanas de la Dirección General de Seguridad, para fusilarlos después, hablo de Julián Grimau, mientras celebraban los XXV años de Paz, cuando Manuel Fraga era Ministro de Información y Turismo, y declaraba que el comunista había recibido un trato exquisito. También tuvo un funesto protagonismo, junto a su jefe Manuel Fraga Iribarne en la matanza de los obreros de Vitoria, en marzo de 1976, entonces era Subsecretario del Ministerio de Gobernación.

Vuelven a darse al mano la novela y la realidad en la conexión argentina, y en ambas entra Rodolfo Eduardo Almirón Sena, excomisario de la policía de Buenos Aires expulsado del cuerpo por connivencia con el crimen organizado y reenganchado como jefe operativo de los asesinos de la Triple A. Responsable del secuestros, torturas, robos de bebés y asesinatos de profesores universitarios, sindicalistas, estudiantes y trabajadores en general, protegido en nuestro país por Manuel Fraga que lo convirtió en su jefe de seguridad. Personaje sórdido donde los haya, que amedrentaba hasta a sus vecinos de la Corredera Baja de San Pablo donde convivía en un ático con una señora y dos temibles perros. Murió hace no mucho en Buenos Aires, habiendo vivido ocultado y protegido durante treinta años por los sucesivos gobiernos democráticos de España. Evitándole el previsible y justo castigo que con toda probabilidad le impondría la justicia argentina, porque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero negó la extradición que desde allí se reclamaba. La cal viva que mancha las manos del sevillano Felipe X, junto a las tropelías cometidas por los GAL en los que el matón tuvo mucho que ver, podría aproximar una explicación de este hecho miserable.

Los buenos y generosos son los profesores, artistas, escritores y otros hombres de bien, que pretendieron llevar la luz de la Ilustración a la oscura y apartada Galicia, poblada de gentes temerosas, ignorantes y humilladas. La clave de bóveda de esa reconstrucción nacional galega estaba, y está, en la educación y la cultura.
Hay una frase luminosa que se convierte en el eje de toda la novela, y donde se resume el compromiso de los ilustrados galegos: sacar al pueblo gallego de sus lastres atávicos de miedo e ignorancia.

Muchos fueron los instrumentos utilizados, algunos los cita por extenso Manuel en su novela-poema, el Seminario de Estudios Galegos de Cuevillas y muchos otros científicos, la Enciclopedia Galega de Otero, Xocas y tantos más, de los partidos políticos progresistas-socialistas-nacionalistas de Castelao y Bóveda que se apoyaban en el impulso renovador de las Irmandades da Fala. Después de la derrota infinita padecida por el impulso renovador de la II República que propiciaron los militares golpistas, el enorme esfuerzo de reconstrucción en el exilio generoso de Méjico, Carlos Velo y Arturo Souto, y en la más poblada ciudad galega del planeta, Buenos Aires, de Luis Seoane, Arturo Cuadrado, Eduardo Blanco Amor y tantos y tantos rastros perdidos y puestos en negro sobre blanco en su relato.
La lectura de este pliego de evocaciones, ha tirado del hilo de mi memoria y me ha recordado a dos periodistas valerosos, tapados por la banalidad de los medios pesebristas del poder, Xavier Vinader y Pepe Rei.

Dicho lo anterior, que podría despertar cierto interés por su lectura, hay que admitir que la novela no es fácil de leer. Requiere un esfuerzo de concentración por parte del lector ocioso y distraído, que se ve ampliamente recompensado por la gran cantidad de datos, matices históricos y momentos de plenitud lírica que ofrece.
Desde el punto de vista estilístico no se trata de una novela-río del Oeste, es un texto asincopado con diálogos que aligeran las múltiples y atinadas reflexiones que acuden a la compleja mente del protagonista-narrador, tullido por la infección sin vacuna previa de la poliomielitis, librero cultivado y resistente a la mediocridad impuesta por el franquismo y sobre todo enamorado de la bella, imprevisible, vital y porteña Garúa, la niebla. Víctima propiciatoria en el altar de la libertad, seguramente innecesaria.

También es una novela que hace del libro y del conocimiento un mito trascendente, concediéndole una importancia que a muchos nos gustaría que tuviera, pero que la experiencia diaria nos demuestra lo contrario.
Un texto justo y necesario, aunque no suficiente, porque aún queda mucho por saber sobre buenas y malas vidas de tiempos tan oscuros. Obra de lectura absolutamente recomendable, porque contiene una inspirada oda llena de amor “pola nosa terra” y sobre todo por sus gentes ilustradas, buenas y generosas de uno y otro lado de la mar océana. También por esas gentes del pueblo tan maltratadas por el poder, que les lanza al furtivismo para sobrevivir o a la simple y llana delincuencia menor, a pesar de poseer convicciones morales muy superiores a las de los poderosos.
Poesía galega en estado puro, que convoca a esa “terra nova” a la que nunca llegamos.

Fernando Ferro, Vallekas, Marzo de 2016



Comentario

Pintar con agua en un suspiro. Acuarelas de Caty O'Neill y alguna cerámica

Imagen Caty O'Neill

Caty O'Neill estuvo en la librería Muga de Vallekas en febrero de 2016

Dos docenas de obras tienen que ser siempre suficiente prueba material para saber si la propuesta creativa de una artista nos interesa o no. Poco más o menos, esto es lo que nos ofrece la dublinesa Caty O'Neill en esta exposición, en la que ha optado por la técnica del color al agua, tan difícil de dominar.
Cuando los pigmentos se sostienen en aceites, ceras o clara de huevo, la mano y su prolongación a través del pincel parecen sentirse seguros ante la contenida viscosidad del material plástico. Pero con el agua, el más universal de los disolventes y sostén de la vida, todo es inestable e imprevisible, y se aproxima mucho a pintar con la luz.
En todo arte hay un singular momento, el kairós griego, en el que se ha acertado, antes no se ha llegado y después es tarde; para el acuarelista esta cuestión es tan sustantiva que es la esencia de su labor. De la falta de definición de los colores, que hace la imagen anodina, se pasa a la fatídica suciedad, que la convierte en inexpresiva, en medio está el tan añorado objeto de deseo. Si se pasa por él sin verlo, es aconsejable cambiar de técnica o de oficio.

La risueña e irónica Caty, lleva treinta años viviendo en España, está casada con un castellano y se inició en la secta de los acuarelistas en la caribeña Guatemala. A pesar de todo, mantiene sus compromisos con una de las escuelas de pintores al agua más poderosas de la cultura occidental, que agrupa a pintores paisajistas ingleses-irlandeses y norteamericanos organizados en antiguas sociedades, y capitaneados por el romántico inglés John Constable. Dentro de esa tradición permanentemente renovada, presenta formatos medios de paisajes de bosques y costas, con esa agua tan esquiva a la hora de representarse a sí misma, juego de tierras sobre verdes y de verdes confrontados a azules; de primeros planos de flores, paleta de rojo desvaídos contra verdes pardos; además de motivos vegetales de interiores urbanos.
Sin lugar a dudas se trata de una pintura clásica, sin la temible búsqueda de efectos gratuitos, pero al mismo tiempo muy personal. Cuando la atenta mirada de la artista observa la aparentemente monótona realidad de un paisaje, pero que verdaderamente está en constante movimiento, decide seleccionar un momento de intensidad y llevárselo con ella al papel, el mundo cambia. El mundo cambia, porque un ser sensible ha decido pararlo todo, observar y comprender un suceso irrepetible, trasladarlo a un soporte permanente y mostrárnoslo a los despistados. Ya nada será igual. Tal vez, una parte del universo continúe su derrota con aparente indiferencia, sin embargo, nosotros seremos necesariamente distintos. Ese es el sentido último del arte.

El limitado número de piezas cerámicas que presenta en la exposición, no nos permite hacernos una idea cabal de la riqueza de su trabajo en ese campo. Así y todo, nos da pistas sobre su soltura a la hora de componer en tres dimensiones y la facilidad con la que construye maclas de objetos, en busca del equilibrio y la expresividad. Son datos para el espectador atento, al que me permito aconsejar una búsqueda tranquila en el sugerente mundo de esta jovial artista.

Fernando Ferro, Vallekas, 14 de Enero de 2016



Comentario

El ojo en la nube de Guadalupe Nettel

Imagen Guadalupe Nettel y Fernando Ferro

Guadalupe Nettel estuvo en la librería Muga de Vallekas en abril de 2015

La serena belleza de la joven escritora mejicana Guadalupe S. Nettel vive pendiente de la voluptuosa y macabra voluntad de uno de los más crueles y despiadados jefes del cártel de Michoacán. Tanto su permanencia en la tierra, como la de sus dos hijos, depende de su innata capacidad para fabular. Cada noche doblega la desmedida voluntad de hacer el mal del heredero contemporáneo del viejo Califa Abasí, y la ciudad de Méjico se convierte en el Bagdad donde la nueva Scherezade urde cuentos e historias que desdibujan y aturden el poder sin medida del vicario de su dios en este valle de lágrimas. Nada más próximo a la masiva inmolación de las humildes trabajadoras de las maquiladoras en las fiestas atroces de los narcos, que las orgías de sexo y poder de los viejos tiranos musulmanes, en las que las jóvenes doncellas eran entregadas a la lujuria criminal de los déspotas. Nada más cercano que Oriente y Occidente, ni el pasado y el ahora mismo. Contra el poder codicioso, monocorde y violento que se impone con hechos irrefutables, el imprevisible poder de la palabra justa que se reconoce en lo diverso, frágil y generoso, en lo ciertamente humano. La palabra necesaria que siempre vence.

Pero afortunadamente, la historia de Guadalupe Sánchez Nettel es otra bien distinta. Su lejano origen judío centroeuropeo, además de su historia familiar tejida de sólidos conocimientos y liberalismo, se cruzan con una nube en su infantil ojo derecho que le da el pasaporte para convertirse en una magnífica escritora. Escritora de cuentos sobre monstruos, maniáticos, desvalidos, tullidos, tímidos y enfermos. Pues no lo creo, más me parece que escribe sobre todos y cada uno de nosotros. Tanto le interesan nuestras taras individuales, como las colectivas, e ilumina con sus ojillos miopes los escondidos rincones oscuros y trae a la escena esos turbios asuntos de los que no queremos acordarnos. No se postula como escritora adscrita a un determinado compromiso político, ni social, ni tan siquiera de género, aunque su innegable calidad humana la orienta a detestar las fallas de un sistema que nos hace muchas veces tan desgraciados. Para criticar los habituales desmanes del poder, se sirve de la herramienta periodística. De una visión superficial de su literatura se podría entender que se trata de un relato narcisista, sólo atento a su propia existencia individual. Un relato pequeño burgués y autocomplaciente, propio de las clases medias que han renunciado deliberadamente a luchar para cambiar las condiciones de vida de ellos mismos y de los más desfavorecidos, frente a la infinita codicia de los poderosos. Aunque lo cierto es que a través de la descripción de sus avatares vitales y las de sus correspondientes traza un atinado dibujo de esfuerzos, frecuentes derrotas y raras victorias en las que nos debatimos cada día el común.

Su obra editada en España recoge dos recopilaciones de cuentos: Pétalos y otras historias incómodas y El matrimonio de los peces rojos, tres novelas: El huésped, El cuerpo en que nací y Después del invierno y dos ensayos: uno sobre la obra de Julio Cortazar y otro sobre la de Octavio Paz. Recogidos en los catálogos de las editoriales Anagrama y Páginas de Espuma. Literatura culta y de calidad, que se apoya en una narración continua de personajes creíbles, espacios sentidos y relaciones complejas, donde encontramos a una inteligente escritora poseedora de una sensibilidad y emotividad siempre alerta.

Fernando Ferro, Vallekas, 14 de Abril de 2015


Cartel

10º Congreso Ferroviario de CCOO

Imagen Cartel Congreso Ferroviario CCOO 2012


Exposición

Exposición en Restaurante La Tana
Calle Real - Pinto - Madrid
Invierno 2012 - Primavera 2013

Imagen Cartel Exposición La Tana 2012-2013


Cubiertas de libros

Imagen Como pompas de jabón - Carlos Ollero

Como pompas de jabón de Carlos Ollero
Editorial A deshoras
http://www.adeshoras.com

Imagen Viajeros de otro siglo - Jesús Díez Fernández

Viajeros de otro siglo de Jesús Díez Fernández
Pliegos del Indiano
Madrid, 14 de abril de 2012


Exposición

Exposición en Restaurante-Cervecería La Tana
Calle Real, 29
Pinto (Madrid)
Febrero - Marzo 2012

Imagen Cartel Exposición La Tana 2012


Exposición

Sala Exposiciones Biblioteca Javier Lapeña
Calle Juan Francés, s/n
(La Tenería) Pinto (Madrid)
13 a 28 de enero de 2012

Imagen Cartel Exposición Pinto Enero 2012


Colección Alfasur bilingüe

Imagen En el gran lago - In the great lake - Carlos Lapeña, Fernando Ferro y Beatriz Bejarano

Imagen En el gran lago - In the great lake - Carlos Lapeña, Fernando Ferro y Beatriz Bejarano

En el gran lago / In the great lake
Carlos Lapeña: Escritor
Fernando Ferro: Ilustrador
Beatriz Bejarano del Palacio: Traductora

Colección Alfasur Bilingüe
Editorial Alfasur
Madrid 2010


Colección Alfasur Poesía

Imagen Poemas del ave cedario - Carlos Lapeña y Fernando Ferro

Imagen Poemas del ave cedario - Carlos Lapeña y Fernando Ferro

Poemas del ave cedario
Carlos Lapeña
Ilustraciones de Fernando Ferro

Colección Alfasur Poesía
Editorial Alfasur
Madrid 2010


Cubiertas de libros

Imagen Apariencia de los signos - Juan Seoane

Apariencia de los signos de Juan Seoane
Editorial Alfasur
Madrid 2010

Imagen El último aliento de Fidípides - Josep Pastells

El último aliento de Fidípides de Josep Pastells
Adhara Publicaciones
Madrid 2009

Imagen Sombras - Juan Seoane

Sombras de Juan Seoane
Editorial AlfaSur, S.L.
Madrid 2008


Exposición

Graveurs du Monde
Artemis-en-Creuse

5, Laval
23260 Crocq - France
Agosto 2009

http://www.graveurs-du-monde.fr artemisencreuse@orange.fr


Libros

Imagen Retratos - Eduardo Núñez Imagen Retratos - Eduardo Núñez Imagen Retratos - Eduardo Núñez

Retratos de Eduardo Núñez
Concello de Ourense
Colección Auria - 2009